[Review] Mose Giganticus – Gift Horse (2010)

Mi historia con este disco comienza con una portada. Con una portada impresionante y misteriosa que me miraba desde la estantería de la tienda de música. Una portada que hizo que se me grabase en la mente un nombre como Mose Giganticus y que no se me olvidase en meses. Cuando tiempo después me topé de nuevo con este disco no dejé pasar la oportunidad y abrí ante mí una aventura inclasificable cuyo concepto trata acerca de la eterna dualidad del bien y el mal y de cómo se anulan el uno al otro en pos de la neutralidad.

MoseGiganticus-GiftHorse

El disco abre con Last Resort y un comienzo abierto casi esperanzador que pronto se precipita hacia un abismo ominoso y contundente. Guitarras pesadas y ultra distorsionadas sin ningún tipo de floritura más que aplastante fiereza. No es rápido. No es frenético. Es una lenta e imperturbable masa sónica que arrolla todo lo que encuentra a su paso. La única manera de apreciar que de repente hemos caído en el estribillo aparte del tenso colchón de teclados es una variación en la entonación de la voz. Pero no de manera hímnica o melódica, si no como una hermandad secreta entonaría sus mantras. Mientras asistimos a la opresora conclusión de este primer tema comenzamos a pensar en cómo nos sorprenderá el segundo corte del disco. Desde el comienzo podemos intuir el peso que los sintetizadores tendrán a lo largo de esta colección temática de canciones.

The Left Path es un tema que, a pesar de no ser más que brutal contundencia engancha por su desafiante melodía. Incluso se desmarca de lo más habitual del metal con una sección en compás 7/8, cosa de la que algunos grupos de metal huyen despavoridos. Pronto comprendes que la masa interesante de las canciones no son los comienzos, bastante similares y directos, si no esperar a que el tema evolucione y crezca sobre sí mismo. La naturaleza de este álbum es ser escuchado como un todo y deleitarse con los detalles únicos que esconde cada canción. Demon Tusk, con sus riffs descendentes y contenidos cierra la parte más bestia del álbum para dar paso a la melodía. Hasta este momento, tras un brillante comienzo y una más que correcta transición, el álbum necesita un golpe de timón que haga que las canciones obtengan una renovada atención y eviten que se caiga en la repetición.

Y de esto se encarga Days Of Yore y su impresionante y grandiosa intro. Rescatado del anterior lanzamiento de Mose Giganticus, nos brinda compases dedicados en exclusiva a decorar con melodías brillantes los oscuros pasadizos fortificados por la sección rítmica. La bestia no sólo es un bulldozer que reduce a escombros lo que se interponga en su camino, si no que es un ser emocional bañado en rabia que bulle odio. Este frenesí se disipa en The Great Deceiver en el que de nuevo las guitarras tejen una dura superficie sobre la que los sintetizadores fabrican su sencilla pero interesante filigrana de emoción contenida. Hacia el final, un ruidoso y embarrado solo de guitarra y sutiles coros procesados a través de un vocoder aplican el toque distintivo de este fragmento mientras la canción desciende hacia su final posandose con suavidad sobre el comienzo del tema central del disco, el gran momento y justificación para todo lo demás. Se trata de la ilimitada White Horse que recita una soberbia instrumentación en la que conjuga todos los ingredientes con que Matt Garfield, único artífice de esta obra, ha ido confeccionando los momentos previos. Mazos de overdrive, notables melodías de teclado, soplos de vocoder y compases atípicos fluyen en una marea confusa pero con un firme propósito: crear un océano de epicidad. Todo esto se precipita por una cascada que nos deja sin respiración hacia The Seventh Seal, postrer corte del disco.

Es un tema que comienza más pesado que los anteriores y que avanza sin sorprender hasta el momento en que se abandona a melódicos coros de voces sintéticas que crean un tensa transición hacia el final. Entonces, un último bramido de dos minutos y medio pone de punta todos y cada uno de los vellos del oyente mientras uno de los riffs más memorables que he podido oir en años acompañado de un breve y emocional solo y el sempiterno trueno de la distorsión se cierran sobre nosotros poniendo el broche a Gift Horse. 150 segundos que podrían haber durado años se truncan mientras un grueso cordón de feedback se desliza hacia el silencio. Cualquier otra cosa hubiese sobrado tras una historia con tan pocos recursos pero administrados con tanta sabiduría. Un disco que dejará más de una boca abierta tras haber degustado por primera vez sus breves siete capítulos. Notable.

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Track predilecto: White Horse.

Tracklist:

1. Last Resort (04:02)
2. The Left Path (04:13)
3. Demon Tusk (03:43)
4. Days Of Yore (03:46)
5. The Great Deceiver (04:06)
6. White Horse (04:52)
7. The Seventh Seal (05:04)

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