[Review] Astroqueen-Into Submission (2001)

Lo primero que sientes nada más darle al play es una bofetada de fuzz tan intensa que piensas que tu equipo está reventado. Tras un par de golpecitos al lateral de los altavoces para ver si empiezan a sonar como debiesen, la actitud de uno de los mejores discos de stoner de la historia te hace comprender que estás ante una obra maestra que has tardado demasiado tiempo en descubrir.

Astroqueen - Into Submission

Into Submission abre con contundencia, directo y sin concesiones en una brutal y efectiva línea recta con Landslide. Una batería firme sostiene con fiereza el océano de overdrive sobre el que bajo y guitarras se revuelcan impregnando el ambiente de una irrespirable atmósfera cálida que sólo es atravesada por uno de los vocalistas más memorables y carismáticos de este estilo. Las impecables melodías destacan por su simpleza y utilización de recursos de sobra conocidos pero imprimiéndoles un carácter propio. A esto añadimos el groove de los Kyuss más marchosos elevado a la enésima potencia y descubrimos que nuestro cuerpo entero se mueve sin pausa llevado de un lado a otro por esta maravilla escandinava. Sin apenas un sólo instante de tregua para coger resuello, Out Of This Planet arremete con fuerza y nos empapa con riffs setenteros y punteos de libro mientras construye tensión hacia el final. El disco está impregnado de momentos como este en el que se mezclan agresividad y una pizca de emoción para un resultado hímnicamente épico. Tras una dosis de maravillosos fraseos, Superhuman God, la joya frenética del album, aparece ominosamente para subrayar la actitud stoner de este cuarteto a través de un conjunto de increíbles pasajes. Si bien similares entre ellos en su estilo, estos son sólidos y consistentes mientras saltan de uno a otro asediando tus oídos de manera constante y sin ningún tipo de reparo. Hacia el final este tema se convierte en una cadena de explosiones que no descansan ni dejan descansar para una salida que se desvanece lentamente precedida de un solo que no hace más que aumentar el grosor de la muralla de distorsión.

Tras estos cuatro minutos y medio de locura le toca el turno a un tema realmente extraño en sus formas: Brain Phase Voyage. Tras un comienzo inundado de retroalimentación, un pesado bajo surge tras la muralla de ecos estableciendo la base rítmica para el riff más original y atípico que he tenido la oportunidad de escuchar. Realmente no parece tener cabida en un conjunto de melenudos que beben de la influencia desértica de Fu Manchu por pseudo-optimista/festivo pero, tras los primeros minutos de extrañeza que se convierten en impaciencia las primeras veces que lo escuchas (hasta que aprendes a amarlo), una estrofa sólida genera expectación hasta explotar en el punto álgido del álbum. Al grito de “losing it all” todos los pelos de tus brazos y nuca ya han saltado en éxtasis mientras las guitarras refuerzan el dique de desgarro con el contraste que tejen entre ambas. Tras tanta emoción liberada es agradable pasear por la llanura que es el breve interludio instrumental Rufus Jr. Es un paseo a través de un ignoto paraje montado en un polvoriento Jeep que aplasta los cráneos apolillados de las bestias que han sucumbido al asfixiante calor de un Sol tan próximo que oyes crepitar.

Pero no todo iba a ser descanso. Planet Dust, conducido por un incesante riff clonado en ambas guitarras y bajo, estalla con un juego machacón y contundente de caja y bombo que desata los instintos más primarios de todo músico. Después de todo, todos los grupos quieren tocar alto, fuerte y rápido. Tras algo más de dos minutos de correr en línea recta sin mirar atrás, un alto en el camino deja paso a un estribillo marca de la casa en el que todo salta a flor de piel para luego descender en una extraña espiral hacia un paisaje de tintes psicodélicos que retoma el salvajismo más acerbado y desgasta cuerdas hasta un abrupto final. The Sonic Ride abre ardiendo entre abrasivos riffs (usual hasta este momento) sin que, a priori, parezca que vaya a ofrecer los versos más sensibles y sentidos de todo el disco. De hecho, la delicadeza con que utilizan una deslumbrante paleta de colores en el interludio para después sumir de nuevo la canción en el fango y retomarlo en la quimera fuzz-psicodélica que cierra el tema, es como esta banda muestra por fin todo de lo que es capaz de hacer.

Tras semejante despliegue de creatividad, Soulburner nos devuelve a un terreno más estándar con sus casi tres minutos de fuerza simple y concisa. No fluctua, no se mueve, no estalla ni se diluye: es una pequeña losa granítica en el camino quizá utilizada para que la grandiosidad del tema previo no se adhiera a la maravillosa I Go to Sleep (I’m Gone) y perdamos la sensibilidad en nuestros tímpanos para siempre. Con una intro paisajística y estrofas contenidas, este tema, quizá el más inspirado a nivel compositivo, nos hace viajar vertiginosamente a miles de metros del suelo. Tras unos minutos de destellos y colores nos lleva de nuevo, en un aterrizaje forzoso, a tomar tierra pero, pese a la trepidación, parece que caemos a cámara lenta y que el momento del impacto nunca va a llegar. Efectivamente, se desvanece en el aire sin llegar a tomar un final concreto y dejándonos aferrados al asiento sin saber muy bien qué es lo siguiente. El final se acerca y se encarga de prepararnos para ello Serve the Sun; una maravilla que roba estribillos a los más refinados grupos grunge de los noventa para conformar un sólido fragmento de meteorito que desciende en espiral sobre nuestro planeta. Sin ningún tipo de concesión avanza impasible hasta el mismo borde de esta obra de arte, rematada por un tema peculiar e idóneo para cerrar. Lua Vermelha mantiene una actitud marcadamente stoner con pegadizos fragmentos blues-rockeros hasta el cuarto minuto en el cual comienza el desfase guitarrero a manos de jaurías de notas sacadas de la pastilla más cercana al mástil. Un muro sónico comienza a forjarse y las guitarras se apilan unas encima de otras creando a base de melodías y loops una imagen que bien podría ilustrar un romántico fin del mundo a manos de un Sol estallando en el horizonte. Un último destello de retroalimentación acaba imponiéndose dominante para finalmente dejar todo desvanecerse haciéndose el silencio en un abrupto final. Sin duda, una experiencia increíble llena de momentos memorables que merece más de una atenta escucha.

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Track predilecto: Brain Phase Voyage.

Tracklist:
1. Landslide (03:28)
2. Out of This World (04:05)
3. Superhuman God (04:27)
4. Brain Phase Voyage (05:05)
5. Rufus Jr (01:39)
6. Planet Dust (04:05)
7. The Sonic Ride (05:10)
8. Soulburner (02:48)
9. I Go To Sleep (I’m Gone) (05:48)
10. Serve the Sun (03:59)
11. Lua Vermelha (06:52)

Bandcamp
Metallum

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