[Clásicos] Candlemass – Epicus Doomicus Metallicus (1986)

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Un bardo solitario tañe depresivos acordes mientras una firme y cortante línea melódica gotea de unos pulmones agotados que suplican morir en soledad. Cuando parece que el finado finalmente se une a las filas de los malditos, la percusión más brutal de la oscuridad cae atronadora para otorgarle un último y desgarrado canto del cisne al condenado. A medio cubrir por una capa de terciopelo corroído y maderos desgastados, se revuelve en su tumba para que las campanas de sus entrañas tañan un postrer hálito de despedida. Es épico, es Doom y es metálico. Es el nacer del primer disco de Candlemass y surge a la vida con una despedida, la aterradoramente cercana letanía de Solitude. Con una muerte narrada, describe con abrumador detalle los pasos a seguir para volver del revés todos los crucifijos de vuestro hogar. Mientras tanto, arropaos en vuestras sábanas, puesto que el fin no ha hecho más que empezar. Epicus. Doomicus. Metallicus.

Todo es exagerado, dramatizado al límite con sintetizadores oxidados y efectos de voz superados por lo años pero… ¿no es acaso lo que todos los amantes del Doom queremos ser? Dame exageración, posturas hipocondriacas y hechizos celebrativos. No quiero mirar alrededor. Sólo quiero saber que estoy dentro de esto, sumergido hasta el cuello en el pantano para siempre. Teatral y dramático, Demons Gate se erige orgulloso como un ave infernal, pavoneándose y dejando que el aire pútrido de un misa negra hecha guitarra penetre en nuestros pulmones. En el interludio, puedes oir cómo polillas deshidratas caen al suelo tras cada golpe de bajo. Tras esto, puedes constatar como el brutal doble bombo deshace la carne de mil murciélagos en el techo de la cueva en que se han convertido tus tímpanos y una marea negra inunda tu cerebro. Si has llegado hasta aquí no puedes escapar. Y quizá, después de todo, no debas. El hipnótico riff de guitarra renace y te lleva de un lado a otro con absoluta genialidad haciéndote constatar que, si las religiones fuesen tan terriblemente pegadizas e infecciosas con sus cantos, la gente se uniría ciegamente a ellas y mataría por su supremacía… bueno, eso ya ocurre pero esto lo justificaría totalmente.

Candlemass+-+Epicus+Doomicus+Metallicus+-+Front

Tras el hundimiento de tu corazón y su posterior sustitución por un trozo acartonado de piedra calcinada, Crystal Ball lleva la escena y decorados a otro nivel con uno de los mejores riffs de la historia del Doom. Medievo, oscurantismo, secretismo psicomágico y sospechas unidas bajo el misterio de la más herética de las líneas que una guitarra ha sido capaz de trazar. Con cambios de ritmo que amenazan la integridad de la realidad y pesadez y aplastamiento salpicados de repentino virtuosismo, Candlemass demuestra por qué son los dioses creadores de un género que se ha expandido infecciosamente en mil vertientes diferentes, todas ellas contenidas en estos seis cortes. A continuación, un ritmo desconcertante y frenético como lo sería el intento de escapatoria de un enterrado en vida, da paso al siguiente capítulo de este desgastado grimorio, Black Stone Wielder. ¿Cuando se perdió la noción del riff? ¿Cuándo hacerlo fuerte y a un volumen ensordecedor intentó sustituir al misterio arcano y náusea hacia lo desconocido? El Doom, el terror, el desasosiego, la comunión con lo físicamente ausente es un camino espiral, truculento y pestilente. La obra de Candlemass se balancea de un lado a otro mareando, traicionando y haciendo que los canes de ambos lados de la calle enfurezcan ante lo invisible de su amenaza. Una misa negra cada vez que encendemos nuestro estéreo.

candlemass

Under The Oak nos permite respirar e invoca una dosis más relajante entre celebración y misa negra. Es un respiro comparado con los versos oscuros que componen el resto de esta Biblia Negra. Una pausa para aliviarse del aire viciado de la cripta aunque, comparada con el mundo exterior, continúa en esa figura censurable que es este disco. A Sorcerer’s Pledge comienza con una rota súplica antes de dar paso al infierno hecho ruido en una extraña mezcolanza de todo lo invocado anteriormente. Infernales cambios de ritmo y náusea compositiva nos llevan con prisa y precipitación hasta al pozo en que se ha convertido esta obra. El martilleo aplastante del doble pedal parece llevarnos en vilo hacia la cruz en la que habremos de ser crucificados mientras, poco a poco, todo se alinea para, con un giro a la vez drástico y magistral, desembocar en una preciosista melodía. Lo oscuro se vuelve místico y se transmuta en el hijo bastardo de la más frágil ópera barroca y el más insano salmo herético. Y todo esto se deshace poco a poco mientras el sonido se pierde y convierte en silencio dejando el espacio suficiente en la noche como para, tras unos momentos de meditación, volver a empezar de nuevo por el principio.

A día de hoy, pueden citarse estos 43 minutos como el origen y planos a partir de los cuales todo el género Doom se edificó, creció y se esparció. Y, si se han ampliado y pulido muchos de sus aspectos, recordemos que el vampiro más terrorífico es aquel Nosferatu que sin medios ni efectos especiales aun nos hace replegarnos en una esquina de nuestra cama mientras no le quitamos ojo al armario. El miedo no es cuestión de virtuosismo porque el terror no necesita artificios.

Tracklist:
1. Solitude (05:37)
2. Demons Gate (09:12)
3. Crystal Ball (05:21)
4. Black Stone Wielder (07:36)
5. Under the Oak (06:55)
6. A Sorcerer’s Pledge (08:20)

Metallum

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