[Clásicos] Electric Wizard – Dopethrone (2000)

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“Cuando te metes en uno de estos grupos sólo hay un par de maneras de escapar. Una es la muerte. La otra, un hospital psiquiátrico”.

El tercer largo de los Electric Wizard abre con esta premonitoria sentencia. Su fuerza reside en que, lejos de ser un mero recurso estilístico que muestra las tremebundas sendas que recorrerá este retorcido álbum, es el prefacio de lo que nos espera una vez estos ocho pedazos de liquen negro hayan saltado desde los altavoces a nuestras mentes. Los primeros chirridos de guitarra y la batería retumbando secamente como si fuera una ballena que se irguiese sobre el mar para dejarse caer con fuerza sobre un charco de cieno, nos avisan del festín lo-fi que va a desplegarse. Un riff tambaleante que te engancha a la primera nos conduce a través de este paisaje pringoso y distorsionado mientras una voz rasgada intenta emerger tras la burbujeante masa de fuzz. Todo es sucio y desordenado pero, paradójicamente, en su mezcla justa para resultar bestial. Vinum Sabbathi es un increible comienzo que aplasta tus costillas si te pasas subiendo los bajos del ecualizador. Es una escalada de ruido y más ruido hasta que por fin cae dejando un reguero de retroalimentación que sirve de trampolín para el que puede que sea el riff más reconocible del doom reciente: Funeralopolis.

Este segundo corte, formulado con los más selectos y turbios ingredientes de la alquimia más desequilibrada, se expande durante casi nueve minutos siendo sólo la cuarta canción más larga del disco. Un fraseo de guitarra totalmente épico, nos lleva de la mano a un recital de poesía totalmente hundido y despedazado en el que el poeta, de nuevo con la garganta colgando de un jirón de piel, grita unos versos terribles y evocadores que te harán desear que el fin del planeta sea una simple y devastadora explosión. No desearás una sola frase hecha realidad. Tras un intenso final a contrarreloj contra el fin del mundo, Weird Tales, dividida en tres partes (Electric Frost, Golgotha y Altar of Melektaus) arranca sin dudar un sólo instante y nos vemos de nuevo a bordo de una montura negra y borrosa que desciende y desciende para nunca acabar. Cada una de las partes es marcadamente distinta a las demás sin por eso dejar de lado la coherencia sónica de una a otra. Mientras que Electric Frost está cargada de literatura Lovecraftiana y estrofas lanzadas en línea perpendicular a la eclíptica del Sistema Solar, los otros dos tercios de este viaje de un cuarto de hora de duración son instrumentales aunque cada una a su manera.

Electric_Wizard_-_Tuska_2011_-_01Golgotha parece la última jam que harían dos enfermos de sanatorio mental en sus últimos días, devorados por la depresión y empapados en un mal viaje de setas alucinógenas. Descendente y cataclísmica; L’horreur. Un fallo en la concepción del sonido. Quizá un error de la mesa de mezclas o los susurros entre los goznes de una puerta dimensional a medio cerrar. A pesar de sentirlo como una larga caída, cada vez más estamos más y más altos hasta que los últimos ecos a nuestra espalda son desplazados por sonidos cósmicos y la ruidosa quietud del espacio. Altar of Melektaus. Estamos lejos de lo conocido y un océano de resplandecientes puntos blanquecinos y parpadeantes son el único fondo contra el que podemos posar la mirada. No hay aire y no lo necesitamos. No hay nada tangible pero tampoco somos ya corpóreos. ¿Es este nuestro fin? Desafortunamente no; aun quedan una cuantas historias extrañas más que contar.

Barbarian nos despierta de nuestro letargo galáctico y vaporoso arrojándonos de bruces sobre un puñado de tierra y polvo seco, rubricado con peñas escarpadas y afiladas. ¿Marte? No. Los desiertos del sur de la Península, escenario de las crónicas del guerrero salvaje por excelencia. De nuevo más dosis de riffs rasposos y crujientes con gritos desaforados tras el muro de sonido. Como un gigante enterrado entre millones de futuros decapitados, esta pista se abre paso pesada y violenta entre el espeso minutaje cercenando segundos con voracidad. Tras esta masa de decibelios que sólo se interrumpe durante un instante para coger aire para arremeter de nuevo, I, the Witchfinder se nos viene encima con más y más ruidosa distorsión. Contemplativa y lenta en su desarrollo, nos ofrece un paisaje variado alternando partes más calmadas con nuevas hordas de dolor de oídos. Se contiene y explota para al final acabar cayendo en una suerte de improvisación completamente etílica donde el pedal de reverb sale ardiendo. Más de diez minutos en los que dejarse llevar es la clave. Cerrar los ojos y dejar que nuestro cuerpo se sacuda como hipnotizado nos hará obtener todas y cada una de las claves ocultas tras el océano de capas.

A modo de descanso, The Hills Have Eyes es un breve fraseo bluesero que deja reposar la sangre durante unos instantes antes de perderse para siempre entregándonos a los brazos del más exacerbado odio fraternal de We Hate You. Con un comienzo algo más suave, en sintonía con la pista previa, pronto estalla de nuevo en un asedio amenazante, gemelo de contenido lírico.

1284441621_electric-wizard-dopethrone-2000“Una nébula negra hierve en mi cerebro.
Entonces tu maldito mundo me hace hundirme de nuevo.
Así que cogeré la pistola de mi padre y me daré un paseo
Véngandome de ti con cada tipo que encuentre”

Tras esta delicia narrativa y unos cuantos “Te odiamos” recitados con pasión, encaramos el postre de este copioso menú y título de toda la saga: Dopethrone. Este rotundo cierre es una oda romántica al visionario verdor del Tetrahidrocannabinol y está plagado de una delirante imaginería que lanza hacia la alturas al que parece ser Dios y único señor de la voluntad de estos tres tipos. Como enorgullecidos y devotos mártires de la causa, se entregan en una homilía brutal en la que se denominan a sí mismos hechiceros de la causa “coronados con Hierba”. Como seña de identidad del disco, de nuevo una atmósfera de feedback se pierde poco a poco para dar carpetazo final a un disco que, pese a haber sido editado en el año 2000, es ya un clásico y huella profunda en la historia del doom y el stoner.

Lo que se había avistado con su anterior LP se subraya en éste y evidencia el hambre de generar paisajes que cubren desde lo místico hasta lo cósmico de este banda inglesa. Pocos grupos pueden ser tan evocativos a base de riffs y distorsión y quizá ese sea su secreto. En vez de dedicarse a crear atmósferas, por oscuras que sean, a base de acordes y tensiones, Electric Wizard lo transmiten todo repitiendo pasajes hasta que tu cerebro los interpreta como oraciones y, efectivamente, tienen un efecto en tu alma.

Favorito: Funeralopolis.

Tracklist:
1. Vinum Sabbathi (03:06)
2. Funeralopolis (08:43)
3. Weird Tales: I Electric Frost II Golgotha III Altar of Melektaus (15:04)
4. Barbarian (06:29)
5. I, the Witchfinder (11:03)
6. The Hills Have Eyes (00:47) (instrumental)
7. We Hate You (05:08)
8. Dopethrone (10:36)

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