[Clásicos] Celtic Frost – Monotheist (2006)

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Se me hace extraño escribir acerca de este gélido y demoledor disco con este calor viscoso y adhesivo que sigue muy de cerca a mi piel como si de un liquen se tratase. Y es que precisamente este disco se focaliza en lo frío, lo distante, lo abismal y la extrema lentitud de cualquier tipo de sistema vivo sujeto a temperaturas que apenas superan los cuarenta grados bajo cero.Progeny es un golpe súbito y bestial de guitarras concienzudas en su tala de preámbulos. Directo y punzante como el dolor que se extiende por nuestros nervios cuando tocamos o saboreamos algo congelado durante un tiempo. Sus progresiones descendentes, arropadas por una rugiente y amenzante voz, penetran con la cabeza gacha pero no en un signo de debilidad o temor, si no como un ariete rinde su cerviz para tirar abajo cualquier obstáculo. La complejidad se hace a un lado para dejar paso a la máz tozuda y repetitiva pesadez en secciones monocordes que traen lo devastado de las regiones polares en monotonía que se precipita alternando avasalladora trepidación con aplastante lentitud. Tan pronto como todo ha estallado en distorsión, todo termina. Y de nuevo vuelve a empezar con fuerza con un pasaje contemplativo y constructor. Ground se erige contenido y desafiante mientras Warrior exclama, más como una advertencia de lo que ha de venir que plañiendo, “Oh dios. ¿Por qué me has abandonado?“. Honestamente, no querría estar en el celestial pellejo de esa futura deidad caída. Puedo ver su pagana existencia trinchada en un mástil de guitarra.

Cantos dispersos en la parte trasera de la bóveda que es A Dying God Coming Into Human Flesh abrigan el salmo que Eric recita con hálito secular mientras se encomienda la eternidad. “No puedo morir“. Asumamos que los malos augurios son viento gélido que se escapa entre el ocaso del Otoño para dilatarse y expandirse formando el Invierno. En ese caso, en estos momentos estamos más allá de los confines del Sistema Solar aprisionados como escarcha entre glaciares a la deriva entre congeladas moles en la nube de Oort. Una leve y amenazante escalada, paciente y firme, nos lleva de la más solemne vigilia a la más intensa explosión con mis versos favoritos de, posiblemente, la historia:

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“Frozen is Heaven
And frozen is Hell.
And I am dying in this
living human hell”

Me quedo sin adjetivos para expresar la perversión y desgarro de los versos que preceden a la hermosa quietud que se asemeja a los instantes previos a un derrumbe. Cuando el palacio colapsa sobre sí y los tapices, metales preciosos y huesos de sus habitantes se convierte en mero escombro, una imparable avalancha barre todo lo que podría quedar en pie. A modo de letanía para intentar desvanecer (¿elogiar?) la atrocidad cometida, una virginal voz femenina se desliza entre témpanos en el ambiente de Drown In Ashes. Evocando una distancia infinita a un mundo petrificado en agua sólida y abandonado al conocimiento humano, diferentes capas se entremezclan cerca de su temperatura de fusión dejando atrás una inquietante estela de ecos. En respuesta a estos ruegos, Os Abysmi Vel Daath, como un autoritario profeta, predica sostenido por demoledores y rugientes acordes para, finalmente, atacar iracundo a una masa descreída que parece negarse a escuchar sus presagios. Crestas operísticas y pesadumbre caen como un titán sin sangre. La presión que ejerce parece quebrar absolutamente cualquier estructura y, por primera vez, la oscuridad supera al frío para convertirse en la antesala a un trágico cataclismo existencial.

Obscured es opresión irracional de un enfermo y nos empuja lentamente hacia abajo dado que la verticalidad es cercenada desde arriba con cada nuevo acorde de esta oda a la enfermedad emocional. No hay nada. Sólo un breve destello, una fracción de sonrisa cuando nos sabemos acabados, al susurrar “en este espacio vacío y entumecido” que nos permite tomar consciencia de la gigantesca sima a la que caemos sin parar. Una vez en el fondo, en nuestro Domain Of Decay sólo hay sombras y ausencia de temperatura. Partículas subatómicas en suspensión mientras el azote de la furia y maldad del ser más solitario del mundo se desahoga azotando negras paredes. Oímos ruidos como movimientos simplistas y torpes de una bestia inimaginable que se agita contra la negrura. Esta violencia espástica continúa en la arrolladora caída ladera abajo que es el Ain Elohim. Existe un mundo vagando en la lejanía del Universo compuesto casi exclusivamente de agua sólida pese a sus altas temperaturas debido a la brutal presión que sufre. Un aplastamiento similar nos hace encogernos hasta convertirnos en amasijos titilantes para, tras semejante acto, dejarnos abandonados a las puertas de la Catedral de lo Terrible que es Triptych; una sinfónica y ruidosa a partes iguales elegía a la Muerte dividida en tres capítulos, Totengott, Synagoga Satanae y Winter. Plagada de pasadizos oscuros y trampas a la templanza que se extiende durante más de veinte minutos, esta obra cumbre y cierre nos sobrecoge con su trama y ensalza a las virtudes del camino que acabamos de asumir como única verdad. Todo es quietud. Nada se mueve. No existe la luz. Sólo sé que no hay silencio.

Favorito: A Dying God Coming Into Human Flesh.

Tracklist:
1. Progeny (05:02)
2. Ground (03:55)
3. A Dying God Coming into Human Flesh (05:38)
4. Drown in Ashes (04:23)
5. Os Abysmi Vel Daath (06:41)
6. Obscured (07:05)
7. Domain of Decay (04:36)
8. Ain Elohim (07:33)
9. Totengott (04:27)
10. Synagoga Satanae (14:23)
11. Winter (Requiem, Chapter Three: Finale) (04:34) (Instrumental)

Metallum

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